Quiero escribir un poco, desahogarme de lo que siento. Este es el momento, el hoy, mañana puede ser ya muy tarde. Quiero agradecer, quiero que tú, si estás leyendo pues sepas que pensé en tí mientras escribía y ¿Sabes por qué? Pues simplemente porque has formado parte de lo que soy hoy y has influenciado de cierto modo en lo que seré mañana.

Hace varios días tenía esta idea en mi cabeza, hacer un escrito de esos que salen del alma, un escrito de esos que van fluyendo suavemente y que dejan un lindo sabor en mi corazón. Es que desde que llegué a Chile no había hecho algo así, tan público, tan expresivo. Quiero agradecer en este pequeño espacio a ti, porque hoy estamos vivos y porque, como escribía anteriormente, has hecho o aportado pequeños granitos de arena en mi vida y a lo largo del tiempo, debido al poco tiempo que tenemos a veces no nos detenemos a agradecer tanta dedicación o tantos consejos.

Es bien fácil pedir favores a amigos, compañeros, colegas, pero ¿Será bien fácil agradecer? Y ese es el mensaje de hoy. Quiero agradecerte, quiero que sepas que si hoy estoy donde estoy es porque has sido parte de mi formación como profesional, como ser humano, como persona. Pero pocas veces lo hacemos y le achacamos la culpa al tiempo, ese que va de prisa y sin detenerse, ese que no perdona pero que enseña, a golpes a veces, pero enseña.

A lo largo de nuestras vidas vamos conociendo a mucha gente, muchísima gente, y como va pasando, unos se olvidan, otros lamentablemente quedan en el camino, pero otros, aún siguen a nuestro lado y se convierten en nuestros entrañables amigos de toda la vida.

Esos que muchas veces no están presentes pero que jamás nos dejan de lado en algo importante, sin importar la distancia, al menos un mensaje nos hace llegar.

También existen gestos y acciones que nos demuestran, por encima del valor monetario, por encima de las cosas materiales, cuánto le importamos a los demás. ¿Cuánto estarías dispuesto a hacer por un verdadero amigo? Esa es otra de las preguntas que también me hago frecuentemente. Es cierto, el dinero no compra la total felicidad, el dinero no compra la tranquilidad. Muchas veces quienes menos necesitan, son los más felices.

Pensarás que estoy nostálgico y triste, melancólico, etc. Pero no, yo estoy feliz, tranquilo, orgulloso de tu ayuda, de tu consejo, de tu empujón para salir adelante y quiero agradecerte. ¡Quiero hacerlo hoy! Hoy que puedes leerme, hoy que tal vez puedas enviarme un mensaje para decirme: Me hiciste llorar, ¡idiota! O simplemente, Que bueno habernos cruzado en esta vida, me siento feliz de haberte conocido.

Es que, con tantas enfermedades raras, con tantas pandemias, ya no sabemos y quiero eso, que lo sepas hoy, que lo sepas de primera mano, que sepas que al menos en mis pocos años de vida te digo: GRACIAS! Y gracias también porque muchas veces estas personas que llegan a muestras vidas y la cambian, pues quedan en el anonimato, estas personas se llaman Adas Madrinas, Ángeles Guardianes que Dios nos ha enviado, que nos ha puesto ahí para velarnos y cuidarnos.

En este viaje a Chile he aprendido tanto, pero tanto que a veces deseo explotar hablando y contando historias, pero decido callármelas y no es hasta ahora, que comparto esta oportunidad de agradecer, porque me enseñaron a ser agradecido, porque me inculcaron grandes valores humanos.

¡Así que ya sabes! Yo te agradezco siempre, y como dice el dicho: a veces hasta una patada en el trasero nos impulsa hacia adelante. Por tanto, con mucha fuerza, con buenísimas energías y a seguir la batalla de la vida, a seguir agradeciendo y a seguir acumulando experiencias para replicarlas en este mundo tan necesitado de buenas acciones. Te repito: ¡Muchas gracias!

Hoy es un día cualquiera y quiero aprovechar para decirte que amo haber conocido a una persona tan hermosa como tú.

Una respuesta a «Ángeles, Hadas Madrinas o buenas personas en el camino»

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