Para todas las personas que hemos tenido la oportunidad de viajar, 32 kilogramos se nos han hecho, en ocasiones, algo bien pequeño. De eso quiero hablar en este post, de los 32 kilogramos que permitía la aerolínea COPA, cuando hice mi primer viaje fuera de Cuba.

Hace mucho tiempo, muchos años atrás, cuando vivía en la isla, tenía unos 14 años aproximadamente, y comenzó el gran flujo migratorio de cubanos a regresar al país, uno siempre se hacía la misma pregunta: ¿Qué lleva en esa maleta? ¿Traerá un chicle o un caramelo que me regale? No es menos cierto que en la década de los años 90, en Cuba había una crisis muy brutal. Un jabón palmolive o magnolia, era un regalo muy preciado, para no mencionar un chupa chupa de aquellos que tenía chicle dentro, eso era lo que todo niño anhelaba de regalo. Siempre las maletas llegaban llenas y se iban vacías, sólo con el olor que traían, y en ocasiones ni se iban (las maletas), eran también parte del regalo.

Todo era incógnito y uno añoraba saber, no era por ser chismoso, pero era por saber ¿Qué había del otro lado del “charco” (mar)?

Afortunadamente, antes que mi momento llegara, tuve el placer de abrir varias maletas de amistades, muchas cositas que venían dentro eran para mí, pero en realidad lo que más me interesaba era abrirlas. No sé si será uno de mis males, pero la verdad es que aún hoy, me apasiona abrir cajas nuevas, maletas cerradas y todo eso que venga con olor a nuevo.

Cuando llegó mi momento, le di muchísimas vueltas al asunto, no quería pensar en eso, aunque mi subconsciente siempre tenía la misma pregunta ¿Qué tengo que echar en mi maleta? Yo soy una persona que planifica y alista las cosas cuando se va de viaje, eso es bien importante para que no se te quede nada, sobre todo en este tipo de viajes “definitivos”. Pero es muy emocionante y de repente comencé a hacer mi lista, que ni se imaginan todo lo que puse para llevarme.

Realmente es demasiado complicado resumir toda tu vida en 32 kilogramos, pero la primera cosa que sí estaba seguro me llevaría, siempre lo tuve presente y aun hoy lo mantengo, son mis CDs. Tenía un porta CDs, de esos bien antiguos, de cuando se usaban los CDs para escuchar música, y tenías mil cosas en 700MB. En eso fue lo primero que pensé, eso no podría faltar en mi viaje, y saben por qué, pues porque para mí los recuerdos y las vivencias son mi mayor tesoro, son mi regalo más preciado.

Estoy seguro que muchas personas de mi época también hicieron lo mismo cuando les tocó partir definitivamente, porque podrán romperse aquellos zapatos que amamos, aquel pantalón que no lo queríamos ni lavar para usarlo 24 horas del día, por lo bien que nos quedaba, pero los recuerdos, esos sí que son muy importantes. Esos recuerdos de cuando nadie tenía cámaras digitales y las fotos eran: LAS ÚNICAS FOTOS DE LA FAMILIA, cuando alguien te prestaba una cámara y tú le sacabas fotos hasta a una mata de rosas del portal de tu mamá. Todos esos recuerdos quedaban en mis CDs, y por eso para mí era muy importante conservarlos.

Otros de los objetos preciados que se lanzaron para aquella maleta eran mis perfumes. Sencillamente se pudieron haber quedado algunos, pero cada uno significó un momento, una etapa que no quería olvidar. Por eso aún hoy, después de muchos años, aún están en mi mesita de noche, los pomos vacíos, sin olor pero ahí están, acompañando las nuevas fragancias de este otro lado del charco.

La poca ropa que se pudo colar en ese equipaje, prácticamente ni la usé, y tuve que devolverla al país de donde salió, por la sencilla razón del cambio de clima. El clima acá es bien frío comparado con el de Cuba, aún estando en verano, a veces tienes que ponerte abrigo o enguatada y soportar que todos te miren raro, porque nadie anda vestido de esa forma en verano. Ya me adapté al clima, me costó bastante tiempo, pero lo logré.

Ahora vuelvo a mirar aquella lista, la que hice y guardé, y es cierto que estamos poco informados sobre el mundo, sobre lo que hay fuera de Cuba y lo que se lleva de viaje cuando nos cambiamos de país. Me doy vergüenza a mí mismo, pero no me culpo, porque formó parte del proceso de aprendizaje por el que pasamos todos.

Créanme, si ahora mismo me fuera a vivir para otro país, no llevaría jarro, disco de instalación de Windows 8.1, lapiceros, gomas, sombrilla, pañuelos, jabonera, cuchara, tenedor, cordel, mucho menos horquillas, o palillos de tendedera.

Qué me dicen de esto: LECHE EN POLVO, verdad que yo sí que estoy loco, cómo se me ocurre a mí en un primer viaje, transportar semejante cosa, y si me hablan de almohada, ¡No! ¡Ahí sí que pasé! Tal parece que mi lista estaba conformada para irme a una escuela al campo. Para los que no conocen este término, una escuela al campo en Cuba, es una etapa de la secundaria o el pre universitario donde tienes que vivir en las montañas de Cuba, alejado de tu familia, trabajando, recolectando café, tabaco o papas. Es algo bien loco, porque aprendes a crecer antes de tiempo, pero en aquel entonces era terrible, ya que las condiciones de vida son más duras que como normalmente vives.

Bueno, pero formó parte del proceso y de esas cosas materiales que provocaban un apego a mi tierra, a mis raíces y a mi cultura, que sin dudas las llevo en el alma, esas sí que no se borran.

Si te tocara viajar, si ahora mismo tuvieras que salir de Cuba a otro país, por favor, te recomiendo lleves lo justo y necesario. En otros países hay jabones de baño, toallas, leche en polvo, leche descremada, leche sin lactosa, sombrillas y cubiertos, todos los que quieras y puedas comprarte, incluso de todos los precios. Pero no cargues con tantas tonterías, que abultarán y te harán llegar cansado a tu destino. Eso sí, ya que vivimos en una nueva época, puedes llevar tus fotos en memorias o discos duros externos, o simplemente en tu propio computador. Eso no lo dejes nunca, son tus fotos, tus recuerdos, tus momentos que no debes olvidar. Porque si olvidas de dónde vienes, pierdes tu esencia, tu raíz, tu cultura y dejas de ser tú.

Sueña sin miedos, vive sin límites, viaja sin fronteras.

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