Viajar, el rico placer de conocer, compartir, aprender y aportar tus ideas y conocimientos a otras personas. Desde allá (Cuba), ¡Todo lindo!, en idioma venezolano, ¡Todo fino! Pero ahora quisiera dar mi punto de vista desde acá, esa otra cara de la moneda que muchos no cuentan, o simplemente es tan trivial pasar por esto que preferimos callarnos para aparentar ser personas exitosas y que en Cuba se llenen de orgullo de “nuestros logros”.

Este texto lo escribo en plena crisis del coronavirus, donde el mundo está revuelto, o más bien en sus casas, pero donde mi criterio podría no ser igual al tuyo, porque de eso se trata, que cada uno tenga su propio criterio.

Desde allá, jamás me contaron que el mundo era tan cruel como realmente es, pero este criterio es subjetivo, cada ser humano ha podido experimentar desde su punto de ser migrante, una historia diferente, una vida diferente y una circunstancia distinta. Incluso si viajas con una persona a tu lado, vienen al mismo país y tienen los mismos privilegios los primeros meses, créeme que tampoco es lo mismo. Todo parte desde tu formación familiar, que se va fortaleciendo con gotas de personalidad y visión de la vida. Todo eso va logrando en ti que cuando llegues a “este” mundo, seas o no una persona exitosa, perseverante y de mucho dinero.

Jamás imaginé vivir tantos fenómenos naturales en poco tiempo, jamás pensé ni siquiera salir de Cuba y que el mundo me cambiara tan rápidamente. En esta aventura viajera aprendes tanto, escuchas tanto, ves tanto y lees tan pocas cosas reales que te abruma continuar. No es menos cierto que la distancia causa sentimientos que jamás pensaste que tenías dentro, pues salen a la luz, salen a flote y te comienzas a preguntar por qué pasa. Enfermedades que nunca padeciste, incluso tu piel cambia, todo esto es y forma parte de la nueva vida, la que decidiste re comenzar, la que te tocó o la que tienes planeado cambiar.

Un día de esos de pinguino

El clima es algo bien loco, sobre todo cuando vives en los extremos del planeta. De repente hace frío en verano, o calor en invierno, llueve tanto en otoño como en primavera y sale el sol sólo para alumbrar porque no calienta. Me choca en la mente cuando abro mi ventana de cristal, el sol brilla, irradia y todos están caminado fuera con abrigos y gorros. Miro mi reloj y estamos a 15 de julio, abro mi Facebook y todos de campismo, fiestas, en trusa, bañándose en ríos, lagos, playas, de viajes por Ancón, Varadero, Cayo Santa María y tú, miras para tu closet y está lleno de abrigos, enguatadas, lycras que tienes que ponerte debajo del pantalón, zapatos para agua, abrigos para agua y frío y las lindas bufandas europeas que se ponen los cubanos cuando baja un poco la temperatura, de 30 a 28 grados.

Aflojen, que uno aquí pasa frío y ustedes allá en todo su verano, mi verano también, porque mi cuerpo pertenece al caribe, aunque lo forcemos a tiempos esquimales, en el interior siempre habrá un sol radiante.

No se te ocurra preguntarle a alguien si hace frío afuera, porque te dirán, ¡No, el clima está bueno hoy! Entonces tu concepto de un buen clima se traslada a esa mañana cuando tenías que ducharte para ir a trabajar, porque el calor nocturno no te dejaba dormir. Te pones un pullover, un jeans, unas zapatillas o tenis y abres la puerta de la calle. Ahí queda todo, sólo en la puerta de la calle.  Rápidamente entras y te cambias de ropa, no alcanza una prenda que no te pongas en tu cuerpo. Esta operación la repites varias veces, hasta que aprendes que el sol, es ficticio también.

Los fenómenos naturales que ocurren acá no son los que ocurren en Cuba, acá variamos a tsunamis, terremotos, fenómeno de marea roja, “temporal”, volcanes, grandes incendios forestales y aluviones. Todo un desfile de nuevos experimentos que para nada te gustarán. Seguirás prefiriendo un ciclón cada 3 años, donde sale Rubiera por la tele y te va diciendo el parte meteorológico, las categorías del “animalito” y su pronóstico para las próximas 24, 48, 72 y hasta 144 horas.

En este tiempo que he vivido fuera de mi país he experimentado también experiencias políticas, que, si bien es cierto que no quiero hacer de mi escrito algo relevante sobre este tema, es muy recurrente las preguntas que me hacen sobre “la dictadura” en Cuba. Realmente no pretendo responderla, al menos aquí, porque no es el objetivo, pero sí quisiera decir que en Chile he vivido, no sé si para bien o para mal, lo que se conoce como toque de queda, marchas en contra del gobierno, tanto de un extremo como de otro. He estado en etapa de cuarentena, he participado con su pueblo en los llamados cacerolazos, desde mi balcón, por supuesto. Y todo esto porque forma parte de su historia, de su cultura y de su lucha como sociedad que busca progreso. Creo y considero que a Chile le falta mucho, muchísimo por recorrer, pero todo comienza por un primer paso. Así como a Cuba y a tantos otros países que están por detrás en la historia.

En esos día de intenso frío.

Pero existe un estado, digamos una enfermedad que es muy común al parecer en estos países, se llama la Angustia. Jamás pensé sentirla, jamás la había sentido tan de cerca, mucho menos experimentado ataques fuertes de angustia.

¿Qué es la angustia? Es un estado de intranquilidad o inquietud muy intensas causado especialmente por algo desagradable o por la amenaza de una desgracia o un peligro.

Verdaderamente jamás imaginé sentir esto, y les comento que es tan terrible, sin ser sensacionalista, pero no existe cura, al menos que conozca, o no existe un medicamento para tanta desesperación. Ocurre cuando te quedas sin trabajo, cuando tienes muchas deudas, cuando sufres una desilusión amorosa o cuando la vida no te sonríe como debería, entre otros muchos factores.

También es importante sobre ponerse a cada una de estas causas y consecuencias de vivir lejos. Uno de los secretos que te ayuda a salir adelante es tu propia mente, la música que escuchas y de las pocas personas positivas que te puedas rodear. Aprovecha cada abrazo, cada beso y cada consejo. Podemos pedir mil consejos, podemos buscar e inventar mil soluciones imaginarias, pero el culpable o digamos que el que tiene la solución a los problemas, muchas veces eres tú mismo/a. Como ya te dije, todo está en tu mente, en tu forma de ver la vida, en tus proyecciones y en tu sol interior. Eso que nadie te lo quite, que nadie te lo robe y que nadie te lo apague.

Un día de esos. Buscando mi destino.

Si pierdes el rumbo, si pierdes la esperanza, si pierdes las ganas, hazte la misma pregunta: ¿Por qué me fui de mi país? ¿Qué objetivos persigo en la vida? ¿Qué quiero lograr estando acá? Y solo/a te darás respuesta. Persigue tus sueños, inspírate en personas que también lo han logrado, ¡Tú también puedes lograrlo! Pon tus manos, tu esfuerzo y toda tu fe. Y lo alcanzarás.

El secreto de la felicidad no es hacer siempre lo que se quiere, sino querer siempre lo que se hace .

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